Desde siempre (bueno, desde que empezaron a aparecer) he pensado que
el cerebro humano es como un gran ordenador (que, al principio, incluso se les llamaba 'cerebros electrónicos'), con su disco duro (y sus
particiones) para almacenaje de datos, su memoria RAM, para el rápido acceso a las ideas almacenadas, su procesador
central y hasta con sus 'periféricos' conectados, que no serían otra cosa que nuestros sentidos.
E incluso funciona a impulsos eléctricos... y, por lo que he leído, el cerebro es un 'diseño universal', su estructura es similar en todos los animales.
Pero la convergencia de conceptos universales no acaba ahí: hoy me ha dado por pensar, por ejemplo, que nuestras ideas se identifican, en el
cerebro, como los estados de la materia.
Y así, hay ideas 'en estado sólido', por naturaleza con una forma y volumen determinados, y resistentes a ser cambiados. Son lo que llamamos 'los valores', algunos
naturales, la mayoría forjados en nuestra educación y en nuestro
entorno cultural y familiar.
Luego están las 'ideas líquidas'. Fluyen libremente, lo que permite acomodarte a las
circunstancias. Vamos que, como decía Bruce Lee...
“Empty your mind. Be formless, shapeless... like
water. If you put water into a cup, it becomes the cup. You put water
into a bottle and it becomes the bottle. You put it in a teapot, it
becomes the teapot. Now, water can flow or it can crash. Be water, my
friend”.
(bueno, yo diría que no hay que ser tan 'water', aunque si lo
suficientemente inteligente para saber adaptarse, en cada momento, a
las situaciones cambiantes. Que a todos los conviene ser 'pelín
maniobrero' para sacar partido a la vida).
Y finalmente, están las ideas 'en estado gaseoso'. Estas son
evanescentes, se pueden expandir y ocupar todo el volumen... o comprimirse (aunque, eso si, aumentando la presión). Pertenecen a este grupo los estados de
ánimo, las ilusiones, las alegrias y las tristezas... y a veces un
simple soplo las puede hacer desaparecer, o difuminarse...
Pero claro, los sólidos (las ideas en estado sólido) siempre se
pueden romper, aunque sea a martillazos, con un serrucho... o hasta por
caerse desde cierta altura, y además otra de sus características es
que pueden ser compactos... o porosos, o duros o blandos, o rígidos o
moldeables... Vamos que hay gente 'pa tóo', y sus 'valores', en estado sólido, dependen
del material con el que están hechos. Ya lo decía Groucho Marx, 'estos son mis
principios pero, si no le gustan, tengo otros'.
Y si vamos a las 'ideas líquidas' pues también hay que pensar que, como los líquidos, se pueden solidificar, congelar... o, en el otro extremo,
evaporar.
En cuanto a las ideas gaseosas... aparte de que se las puede llevar
el viento... las podemos tener aromáticas, placenteras... pero también fétidas.
Así que esto de los estados de la materia, aplicado a la mente
humana, es, como la vida misma... muy 'personalizable' en cada
individuo. Cuestión, en el fondo, de educación, y de ética.
Pero, por cierto, además del estado sólido, líquido o gaseoso, la ciencia dice que hay
un cuarto estado: el estado plasmático.
Y esto del plasma entiendo que hay que referirlo al alma. Yo soy
firme creyente de que lo que conocemos, en la cultura religiosa, por 'alma',
no es más que un plasma que nos sobrevuela, eterno en el tiempo, y
colectivo, con el que, en algún caso, se pueden establecer eventuales conexiones.
Y esto vendría vendría a explicar muchos fenómenos de espiritismo, de
comunicación con seres queridos, de fenómenos paranormales, en
suma... y hasta sería la explicación de la existencia de
visionarios (da Vinci, Julio Verne...), de la precognición y de los famosos
'déjà vue' que todos hemos experimentado alguna vez: son conexiones
puntuales de nuestro plasma individual con el plasma colectivo y
atemporal que nos rodea.
Curiosos pensamientos... sin darme cuenta, menudo cacho teoría que he esbozado en esta entrada del Blog...