miércoles, 11 de abril de 2018

Soixante-quinze

Hace unos días ‘mi’ Isabel cumplió 70 años, le hicimos una fiesta y tal… y eso me abocó a tomar conciencia de que si ella ya está en los ‘suasandis’, yo ya voy a por los ‘suasanquens’. Ole, ‘le charme français’, porque no me digas que no es mucho más bonito eso de envejecer cumpliendo ‘los sesenta y quince años’... aunque sigan siendo, igualmente, setenta y cinco importantes tacos.
Y que serán los que, si nada lo remedia, cumpliré en septiembre de este año de gracia de 2018. (Y yo aún con estos pelos...)

Así que con el ‘acohono’ propio de, verdaderamente, tener que empezar a considerarme viejo y periclitado y, a la vez, lleno de ‘joie de vivre’ al pensar ‘solo son sesenta y pico años’… me siento frente al ordenador con ánimo de escribir, hoy, algo de mi en este Blog.

Y es que ayer, revolviendo papeles (es un dicho, casi todos mis recuerdos los tengo ‘digitalizados’) me encontré con un documento que era el texto del comienzo de mi tesis doctoral, y me hizo mucha ilusión verme cómo era (escribiendo en plan ‘pro’)… hace más de 20 años.

Porque en un momento de mi vida, ya como profesional cuajado, me apeteció ser ‘doctor ingeniero industrial’, y empecé a preparar el tema. Pero luego, lo de siempre, tenía bastantes más cosas que hacer, y me dio pereza continuar.

Y además, es posible que esta sea una de mis características personales, ser más ‘artista’, en el sentido de dejarme llevar por la inspiración, que ‘tesonero’, y posiblemente tenga muchas obras inacabadas en mi vida, porque dejaron de interesarme una vez superado el reto de ‘cuadrar para entrar a matar’ o sea, de dejar perfectamente enfocadas y estructuradas mis ideas sobre un tema. Vamos, que lo que me va es dejar volar la imaginación y la creatividad… y luego, cuando toca hacer la faena, me aburre.

Mi tesis se titulaba, en perfecto 'lenguaje de consulting', nada menos que “Análisis de la evolución previsible de los sistemas retributivos dirigidos a discriminar la aportación individual, dentro de colectivos asalariados, y posibles modelos prácticos, en consonancia con las nuevas tecnologías productivas y el desarrollo de los servicios”, que entonces sabía yo mucho de todo esto, recuerdo que pensaba incluir, por ejemplo, un estudio muy bonito (y novedoso) que hice, para el Hospital de Cruces, en Bilbao, sobre la remuneración variable, por mejora de objetivos, a todos los médicos (cerca de 800 facultativos, que cobraban y, en general, actuaban ‘como funcionarios’)… y que quedó en agua de borrajas porque el Gobierno Vasco no quería incrementar los salarios más allá del 3%… y eso, naturalmente, no era nada motivador.

Total, a lo que iba, que como tenía mucho trabajo (y pocas ganas machacarme) me retiré de la tesis doctoral, así que en realidad (y a mucha honra) solo soy un ‘docto ingeniero industrial’.

Pero en mi plano personal, ahora que estoy ya ‘en el final del camino’ (caramba, me acuerdo perfectamente de hace 10 años… que fue ayer… pero dentro de 10 años yo ya tendría… ‘quatre-vingt cinq’ y por mucha bisabuela francesa que tenga… me temo que ya no estaré (si es que estoy) para tirar cohetes por mis ‘cuatro veces veinte, y cinco’ años. De momento ya me estoy mentalizando a que ‘este será mi último coche’ y cosas de esas… que evidentemente ‘dan malage...’

Y, ya en plan ‘depre’ total… tendré que hablar de mi principal patrimonio: la familia. De Isabel diré poco. Siendo polos absolutamente opuestos, aquí seguimos, tras casi 48 años. O, a lo mejor, por eso. Como puso mi hija en Facebook, por sus 70 tacos… ‘dura como una roca pero por dentro un corazón de oro’.

Y de mis hijos, también poco, ya son mayores, ya los ‘sufrí (poco, el trabajo me absorbía) y disfrute, en su día’. Como suele ser muy habitual, Cris es, más, la niña de mis ojos y Gonza, más, el hijín de su madre. Es natural, estoy seguro de que eso de sentir menos atracción por los congéneres es alguna reminiscencia de nuestro origen animal, eso de los alfas, etc.

Y me quedan los nietos. Bueno, la princesa… y los chicos. Con Luisín, el mayor, lo pasé muy bien cuando era pequeño… pero ya va a hacer 17 años, es futbolero, titular indiscutible en el juvenil del Lealtad, tiene moza… y solo me queda ‘darle la paga’ cuando le veo.
Sofía, mi princesona, un cielo. Cómo disfruto con ella, y cómo me quiere… Pero ya va para 13, pronto será adolescente, y me temo que perderé a mi niña…

A Rodrigo, mi ‘homo sapiens’, con 12, le estoy cogiendo mucho cariño porque es muy listo, y ya es un ‘paisano’. Lector más que compulsivo, lo ultimo que le he bajado son todas las novelas de Agatha Christie. Yo a su edad (bueno, un poco más…) también leía mucho, pero a Julio Verne, Salgari, Guillermo Brown, luego Woodehouse…
Además, le quiero dar protagonismo porque si no se lo come su hermano, Guillermo, mi ‘homo habilis’, y mi ahijado que con sus 8, para 9, años es todo un fenómeno y con eso de ser el pequeño de la casa y estar a esa edad tan estupenda, nos tiene comido el terreno a todos. Menudo elemento...

Total que, a estas alturas, mis nietos me alegran la vida. Pero el tiempo corre inexorable… y en tres o cuatro años dejaré de disfrutarlos (y de cuidarlos mientras los padres hacen otras cosas), vivirán su vida… y a saber donde quedaremos los viejos abuelos...

Bueno, yo intentaré, mientras me lo permitan las neuronas, que esa es otra, mantenerme intelectualmente activo con mis Blogs, y mis historias, que si algo aprecio a estas alturas la vida es que aún soy como una esponja, y me encanta seguir adquiriendo información y conocimiento.

Y cuando me toque marchar, estoy seguro que lo haré, eso si... cabreado, pero sin pena alguna, porque entiendo que, cerrado el ciclo, quedará el buen recuerdo, que siempre he intentado ser persona buena. Y además permanecerá presente, ya lo he dicho varias veces… mi avatar.
Y porque estoy convencido de que podré, incluso, seguir comunicándome…

No, si ya lo he dicho… ¡Depre total...!

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