lunes, 1 de febrero de 2021

Pero qué pasa aquí...

Hace tiempo que no hablo del coronavirus. Empecé a hablar de él en marzo del año pasado, en una entrada al Blog que titulé, muy expresivamente… ‘¿De qué coño va esto?’. Ahora parece que, después de casi un año de convivencia con el bichito, lo consideramos como algo consuetudinario (bonito palabro…). Pero como lo cierto es que estamos en lo que llaman ‘la tercera ola’ y el número de contagiados diarios, en España, ya supera el que alcanzamos, y tanto nos aterrorizaba, en la primavera del año pasado… es un buen momento para preguntarnos eso de ‘pero qué pasa aquí’...

Hombre, creo que hay una diferencia importante: parece que ahora hay menos fallecimientos. Digo yo que, por lo menos, hay una razonable mejora en la praxis médica, o en los medicamentos, fruto de la experiencia adquirida. Aunque las cifras de los últimos días me están quitando la razón. Vaya, a ver si ni eso, que parecería, si me apuras... lo mínimamente exigible.

Y hay algo que me parece muy inquietante: que los políticos, que son quienes manejan el cotarro, hace casi un año que nos están machacando a los ciudadanos, y machacando la economía nacional, con medidas destinadas a reducir la expansión de los contagios... pero, a pesar de todas estas medidas, ésto sigue subiendo.
Y, así, hemos pasado (y de hecho, aún estamos en ello) por periodos de confinamiento, por prescribir de uso de mascarillas y geles, por el cierre perimetral de poblaciones, y de regiones, por el cierre de comercios y bares, por la práctica anulación de actos presenciales frente a la administración pública y la sanidad, por la reducción (incluso prohibición) de contactos con no convivientes, aunque sean familia directa…

Por tanto, hay varias preguntas: Hay una, absolutamente básica, por elemental: ¿Qué se nos (se les…) está escapando? En una primera instancia, ya se ve que hay cosas que se hacen clamorosamente mal: hay un gran descontrol de la inmigración, falta controlar mucho mejor, incluso cerrar, los aeropuertos internacionales, no se penaliza con ejemplaridad manifiesta a los que infringen las normas con fiestas, bodas, botellones masivos, etc., etc.

Pero hay otra cuestión, que yo entiendo también como básica, que es que las autoridades se estan limitando a lo fácil, a prohibirnos cosas, y no a ejercer una labor didáctica para afrontar mejor la pandemia. (Aunque tenga que ser a palos, recordando el viejo aforismo de ‘la letra con sangre entra’, y tal). Me pregunto dónde están las campañas de TV como aquella famosa del ‘póntelo, pónselo’ que era tan progre… O las de la Dirección General de Tráfico.

Y es que vamos a ser claros: falta educación cívica. O educación, a secas. Hace unos pocos días vi en la prensa una galería de fotos sobre ‘cómo se adapta Asturias a las nuevas normas’ (han vuelto cerrar el interior de los bares y restaurantes, etc) y no pude menos que guardarme estas dos:

La primera describe algo positivo, que la gente tiene perfectamente asumido que si paseas por la calle, hay que llevar mascarilla.


Y la segunda demuestra, también perfectamente, que la gente o es tonta, o no se entera de las cosas… o se cree que las terrazas de los bares ejercen de burbuja inmunológica. Porque…

Aunque debo decir que algo vamos mejorando, y ya se ve más gente que siguen usando mascarilla, mientras no se esté llevando algo a la boca, en las mesas de los bares. Que es (salvo que estén comiendo pipas, o un plato de sopa) el 99% del tiempo de estancia en el bar.

Y, en mi opinión, lo importante solo es hacer una buena valoración de dónde puede haber riesgo real, o no. Y no las prohibiciones genéricas. Por ejemplo, ahora ‘descubren’ que las mascarillas FPP2 no solo protegen a los demás, sino que también ejercen de barrera a los virus que circulan por tu entorno (eso del efecto spray, y tal). A buenas horas, mangas verdes...

Pero hay una cosa que me tiene muy preocupado: si n os fijamos, la segunda ola se desencadenó a finales de septiembre. Ahora, esta tercera es a finales de enero… Y el gran cambio que se ve en esos meses es… la vuelta a los colegios. Que vale, me parece muy bien que digan que los niños están en clase con su mascarillita, y con las ventanas abiertas, y con sus distancias de seguridad… y hay que hacer un gran acto de fe para creer que así son inmunes (porque asintomaticos… es más probable) pero los corrillos de los padres (¡O abuelos…!) a la salida del cole, los parques hasta ser hora de volver a casa… ¿Acaso no están en clara disonancia con las medidas propugnadas de evitar contactos entre ‘no convivientes’, etc, etc.?

Así que lo dicho: no se lo que pasa aquí, solo se que ésto no funciona bien. Y lo de las vacunas, parece que tampoco. Aparte del numerito de los laboratorios farmaceuticos, vendidos al mejor postor, España es un pais de pícaros, y aparecen los espabiladillos, los que se cuelan. Y que conste que me parece bien que los principales dirigentes, que son los que toman las grandes decisiones, se vacunen los primeros. 

Pero, a partir de ahí, debe planificarse (¡Y, diariamente, programarse en detalle!) para hacerlo en base a estrictos criterios de 'riesgo cierto de exposición' y de 'riesgo cierto de mortandad'. Y las novias, y los cuñaos, y los jubilados del cuerpo médico del hospital, y los liberados sindicales, etc, etc… a su hora, nada de colarse aprovechando que 'como hoy sobraron vacunas...'. Y, por cierto… que no nos vengan con milongas, recibiendo solo 400.000 dosis a la semana, con la doble vacunación, y tal… se necesitarán 3 años (y no 7 meses) para vacunar al 70% de la población española… 

Así que lo dicho: ¿Pero qué pasa aquí…?

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