miércoles, 24 de agosto de 2022

Coniuratio Linguæ

Osi no se dice así… será parecido: es que hoy me apetece elucubrar sobre una tesis rompedora (que, en ciertos aspectos, seguro que se la tratará como conspiranoica) que acabo de conocer, y que propone, como concepto nuclear, la idea de que, en contra de lo tradicionalmente creído, las lenguas romances no provienen (nacen) del latín. Vamos, que el latín no fue una lengua ‘progenitora’, sino que fue, simplemente, una lengua ‘modificadora’ de unas raices linguísticas ancestrales comunes en el sur de Europa. Presumiblemente, indoeuropeas.

Es decir que, con su inmersión en el latín, como lengua culta, las lenguas locales adaptaron palabras latinas de modo similar a lo que ahora llamamos ‘anglicismos’, ‘germanismos’, ‘galicismos’… hasta crear un símil al actual ‘hispaninglish’… solo que a gran escala, esto es, referido al portugués, gallego, español, catalán, occitano, francés, sardo, retorrománico, italiano y rumano que son, al parecer las lenguas romance conocidas.

Se cuenta de Trajano (nacido cerca de Sevilla, y que tuvo que aprender el latín, porque era un ‘indígena turdetano’) que en sus guerras, ya como general romano, contra la Dacia (hoy, Rumanía) descubrió que entendía mejor a sus enemigos en su lengua materna, que en latín. Es decir, que tenían raices comunes... no provinientes del latín. Pero esto puede ser cierto… o sólo cuento, o leyenda, claro.

El caso en que, ya en 2007, un francés, Yves Cortez, en su ensayo ‘Le français ne vient pas du latin...!’ y que aquí, en 2013, una catalana (al menos, de nombre de pila), Carme Jimenez Huerta ‘fusiló’ la idea matriz en su librito ‘No venimos del latín’… hablaron del tema, quitando al latín su tradicional titularidad en la paternidad (o maternidad) de las lenguas romances.
O sea que el latín (a quien no se le niega su categoría de lengua básica para la relación entre humanos) no es el origen de las lenguas romances, sino que solo ‘influyó’ en las lenguas primígenas existentes… ‘romanizándolas’.

Y… ¿Qué razones se aducen para ello…? Pues muchas, y variadas. Por ejemplo, es de todos conocido que en el latín se declina (rosa, rosae, rosam, rosarum, rosis…). Pero, entonces… ¿Por qué no se declina en ninguna de las lenguas romances conocidas?. Y otro ejemplo: el artículo es un elemento gramatical que, por decirlo muy sencillamente, ‘califica’ o define al sustantivo al que antecede (ponte ‘el’ abrigo, ponte ‘un’ abrigo, etc,). Pues bien, si el latín NO usa artículos… ¿Por qué todas las lenguas romance, SI...?

Y en latín existe el género ‘neutro’ mientras que en las lenguas romance, no (bueno… ahora parece que si)

Sigamos con ejemplos (este lo propone Yves Cortez): si nos fijamos en la sintaxis… formulando una sencilla pregunta (sobre la música) en distintos idiomas romances: ¿Te gusta la música...? - Você gosta de música? - Tu aimes la musique…? - ¿T’agrada la música…? - Te piace la musica...? - Îți place muzica...?
Pero entonces… ¿Porque en latín cambia la estructura de la oración (su sintaxis) y se dice (al parecer...) ‘Musicane delectaris?

O (esto, de mi cosecha) la famosa ‘Alea jacta es’ (esto es… la suerte está echada). O aquel ‘de bello gallico’ (‘la guerra de las Galias’) que en aquella famosa ‘Antología del disparate’, aparece traducida, en un examen, como ‘el bello gallito’… seguramente basándose en la sintaxis del propio idioma español. Y es que, como se ve, hay multitud de ejemplos que nos abre los ojos sobre la gran diferencia que hay entre la sintaxis del latín, y la de las lenguas romance… que hace dudar de si, efectivamente, procederían del latín.

Por supuesto, nace la idea… y nacen sus detractores. Entre otras cosas, se acusa a estos ‘visionarios (Cortez, Carme Jimenez...) de practicar el ‘cherry picking’, o sea, el coger de la cesta solo las cerezas que te interesen. Vamos, lo que ocurrió, por ejemplo, con Erich Von Daniken…

Pero la duda está planteada y, al parecer, el libro que Carme Jimenez (‘No venimos del latín’, que ya he encontrado por el aMule) se está traduciendo al inglés y avanza en sus ediciones incorporando nuevas ‘pruebas técnicas’. Y digo ‘pruebas técnicas’ porque la Lingüística es una ciencia, al parecer bastante moderna, que estudia muy detenidamente el vocabulario y las diferencias morfológicas, fonéticas, sintácticas, alfabéticas, etc. que no voy a tratar porque se sale, y mucho, de mi conocimiento y del ámbito de este Blog… pero que ahí están para quien quiera profundizar en ellas. Y el libro me pareció, en este aspecto, bastante ‘técnico’.

De hecho, parece ser que los expertos latinistas ya conocen la existencia de algún idioma ‘protoindoeuropeo’, anterior al latín, y creen en su influencia. Por ejemplo, si ‘guerra’, en latín, es ‘bellum’… ¿por qué decimos guerra, o guerre, y en inglés, que no es lengua romance, war…? (por otro lado, madre, mae, mère, mother, mutter (en alemán), ya están, sin embargo, más hermanados con ‘mater’. Claro, el latín también procederá del ancestral protoindoeuropeo, y la maternidad… es muy ancestral.

En resumen: podría ser que el latín, que fue una lengua ‘importada’, fue rápidamente adoptada por ‘los poderes fácticos’: la iglesia, los monasterios, la nobleza… como ‘lingua franca’ porque era hablada y, sobre todo, escrita, que este es un punto muy importante, las palabras se las lleva el viento y solo lo escrito puede resistir al tiempo. Por eso, además, traía detrás un gran bagaje, una cultura (la ‘clásica’) y un orden jurídico (el Derecho Romano) todo bastante bien documentado en pergaminos y libros…
Y, desde esa plataforma, fue influyendo en el lenguaje (no escrito) oriundo de cada zona, modificándolo y dando lugar, posiblemente, a las similitudes aparentes entre las viejas lenguas romance.


Es decir que, por ejemplo, en un principio en Italia se hablaba ‘italiano antiguo’ (¿quizás el galo-itálico, o ligur…?, pero se empezó a hablar, y sobre todo a escribir, en latín culto, muy influenciado por la cultura griega. Por tanto el italiano no procede del latín, sino que el italiano (moderno) es el antiguo, modificado por el latín .
O sea, 'q.e.d': esto es… ‘quod erat demostrandum’ que también decíamos ‘en ciencias’

Apasionante. Pero aquí lo dejo. Y con lo que he dicho, muy a menudo como excusa, cuando me meto en ‘jardines’ culturales... que yo soy ‘de ciencias’, no ‘de letras’.

Así que me quedo en la no menos mencionada ‘Teoría de los 5 minutos (de oro)’ y en el ‘nunca te acostarás sin saber un a cosa más’. Aunque sea solo un poquito… o incluso conspiranoico.
Pero es que tampoco se pueden poner puertas... a la mente.

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