Como todos los años, anteayer, 8 de septiembre, día de Covadonga (o sea, de la Virgen de Covadonga, claro) se celebró el Día de Asturias, que es una celebración ‘autonómica’ que se instaura en todos los ‘reinos de Taifas’ para (digo yo…) aglutinar, y darles un poco más de lustre, cara a la conciencia ciudadana local, a las singularidades de cada Autonomía. Y para reafirmarse en la idea de que las Autonomías se conforman a partir de
la unión de distintas poblaciones, fronterizas o más o menos cercanas a otros pueblos, también unidos, pero ‘distintos’. Y a veces se evoca, en algunas, que, además, todos somos españoles.
Y este año me apeteció destacar tres hechos concretos que me han venido a la mente, quizás por su actualidad.
El primero se refiere, cómo no, a la actividad política:
Si, porque este año todo nuestro Gobierno Regional ha decidido plantar al Arzobispo de Oviedo en la tradicional misa en Covadonga. O sea que nuestras tres primeras autoridades, el Presidente del Principado, el Presidente de la Junta General del Principado, y la Delegada del Gobierno (la sin par Adriana Lastra), todos del PSOE de Pedro Sánchez, han hecho mutis por el foro, alegando su desprecio al ‘tradicional facherío’ que destilan las homilías del Arzobispo, ya que suele aprovechar el acto para defender los valores cristianos.
Bueno..., se limitó a decir el prelado, 'al acto de la misa en la Basílica de Covadonga debe asistir quien asuma las ideas del catolicismo, no quien las critique y además quiera aprovecharlo para hacer un uso político del mismo'.
Y a mi lo del arzobispo me parece bien. En el fondo, y en la forma. Porque la imagen que me sobrevino fue la de los partidos de fútbol en mis años mozos, cuando la Real Sociedad regaba el campo de Atocha, y se defendía con esta ventajilla legal. Porque sin la menor duda, cada uno debe saber jugar, ‘en casa’, con sus propias armas… y no hacer el tonto (o el ‘maricomplejines’). Así que ‘potuit, decuit...ergo fecit’ ('podía, convenía... luego lo hizo'), en frase (de 1303, y en otro orden de cosas), del franciscano Scoto.
El segundo hecho que quiero destacar es el del tradicional enardecimiento de los sentimientos propios del Asturianismo, que se suelen dar en la fecha. Y es que el Día de Asturias es, evidentemente, un marco pintiparado para la exaltación de nuestras singularidades… y de paso para seguir insistiendo en pedir la oficialidad de la Llingua asturiana. Bueee...no, pues vale, sobre lo primero, me parece bien, siempre que no nos pasemos de celo patrio… ni mucho menos lo liguemos a sentimientos ‘separatistas’. Y, sobre lo segundo, pues que no sean cansinos, que ‘la oficialidá’ no conduce a nada positivo. Y mucho menos ‘la normalización’, que capa nuestra riqueza lingüística.
Como decía, con mucha gracia, Pérez Reverte,... Bilingüismo… para qué…?
Y es que ‘el asturianu’ que ahora se promueve (o al menos el que se usa) en general no consiste en otra cosa que en terminar palabras en ‘u’, sustituir por ‘x’ o ‘ll’ las jotas y las eles y, sin duda para justificar la diferenciación, salpimentar muy ligeramente el texto con algunas palabras extrañas, como ‘entamar’, en vez de ‘comenzar’, ‘entrugar’, en vez de ‘preguntar’, etc. O con otras ('munchas'...), 'tuneadas' (xineru, febreru, xunu y xunetu, primovera, branu, ochobre, payares...). Y con 'muletillas', como lo del 'ye que...'. (Vale, ya sé que 'caricaturizo' un poco...)
Y es el mismo tema del lenguaje el que me lleva al tercer hecho que quiero destacar. Bueno, este es más personal, pero tiene cierta enjundia: resulta que tengo un muy querido sobrino, gran intelectual, excelente empresario, y mejor persona, que si, que le da por el ‘asturianismo’. El caso es que escribe dos o tres artículos al mes en la sección de Opinión del diario El Comercio, de Gijón… que son francamente buenos, y los firma con su nombre y su estatus: ‘empresario’. Bien, pues sus últimos dos artículos están escritos… en ‘asturianu’ (oficialista, claro…).
Y me rechinan las meninges. Bueno, debo decir que ya soy, desde hace tiempo, ‘clase pasiva’. O sea que, además de 'pasar', ya estoy bastante ‘out’... así que no tengo la menor gana de ‘activarme’. Por lo que solo observo y callo. Pero hay una cosa que tengo clara: que un empresario siempre debe de mirar hacia el ‘globalismo’, no hacia el ‘regionalismo’. Así que al leerlo me vino in mente sacar una simbólica tarjeta amarilla a 'mi sobrín'. Porque los forjadores de la riqueza de un país (y los que, como profesionales, les apoyamos) no podemos mezclar conceptos tan dispares como el globalismo y el regionalismo.
Salvo que nos dediquemos al sector de los lloqueros y campanos… o al de 'les madreñes', coime...
Pero (y con esto acabo), en cualquier caso no quiero ser negativo. Me gusta Asturias y lo asturiano, voy todos los años a Covadonga (entre otras cosas a poner unas velas para pedir suerte a la Santina,…) y me encanta introducir en mi lenguaje -coloquial, claro- algunos giros (y acento) asturianos. Pero bueno, sin llegar a los tópicos de que ‘Asturias es España, y lo demás tierra conquistada’, o a aquello de que ‘con fabes y sidrina, nun fai falta gasolina’… entre otras cosas porque, a nivel nacional, Asturias pinta muy poco, y se nos ignora, en los Telediarios, hasta en las noticias de ‘El Tiempo’...
Pero, eso si, solemos caer bien porque, en el fondo, ‘Asturias, qué guapina que -i es…’ (por cierto, que en el ‘asturiano oficioso’… creo que promueven decir ‘yes’). Así que, desde esta 'ventaja competencial', que lo es, tratemos prioritariamente de ser trascendentes... y no 'pintorescos'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario