domingo, 1 de noviembre de 2020

Pandemia y sentido común

El coronavirus sigue ‘on fire’. Este otoño (después del ‘hemos vencido al virus, ya pueden salir y divertirse’ que precedió a las estupendas tres semanas de vacaciones que se tomó nuestro ínclito presidente de gobierno) han repuntado muchísimo los contagios (aunque no tanto las muertes) y aquí está otra vez, ya estamos el estado de alarma, ya nos confinan en nuestras poblaciones… y ya se habla de un próximo recogimiento (encierro) en nuestras propias viviendas.


Bueno, a mi esto no me parece del todo mal, siempre que estas medidas de freno a la pandemia estuviesen moduladas por ese algo tan poco común como parece ser que es… ‘el sentido común’. Porque no hay nada peor que ejercer el mando ‘tratando a la gente como un rebaño de borregos’ o sea, eso de ‘todos por aquí… todos por allá’… que es cuando la gente que no es borrega percibe que las medidas son inapropiadas, e injustas.

Además, este requerido sentido común exige que también se tenga que ser muy didáctico, para que la gente entienda (y asuma) que lo que se indica hacer ‘es conveniente y necesario’. 

Y no se hace. Creo que ya hablé en alguna ocasión de las paradojas que se ven en el uso de las mascarillas: se obliga (y se asume, muy generalizadamente) usarlas paseando por la calle… pero no se explica, ni se exige seriamente, que hay que seguir usándolas cuando cuatro amigos se sientan, en esa misma calle, en la terraza de una cafetería. O estar harto de ver que se usan dentro de cualquier tienda, o supermercado… pero mucha gente se las quita en cuanto entra en un bar. Y yo lo he probado: no cuesta nada retirarte la mascarilla justo lo suficiente para echar un trago o meterte algo en la boca. 

Así que enseñemos a practicar el sentido común. Como tendríamos que practicarlo exigiendo a los que hagan ‘jogging’ (y aún mas, si hacen ‘running’) que lo pueden hacer sin mascarilla en espacios abiertos… pero que tienen que ponérsela y no pasar bufando imprudentemente cuando corran por aceras o paseos concurridos.

Practicando el sentido común, no será problema el encerrarnos en nuestras casas la mayor parte del tiempo, y limitar los riesgos de contagios. Pero OJO: ¿Quiénes…? Pues básicamente los improductivos, como son los jubiletas, que además es un colectivo muy sensible. ¿Y cuándo…? Pues la mayor parte del día, pero permitiendo salir a estirar las piernas, hacer la compra e incluso a tomar un café en un bar. Naturalmente, siendo muy didáctico y explicando, a quien no sepa, que la única condición es ‘no socializar’, restringirse a su ‘burbuja estable’ y, también, ‘no intimar sin precauciones’ con gente de otra edad, no conviviente, aunque sean hijos o nietos.

También parece claro que otra de las presumibles fuentes de contagio son los colegios, por la convivencia ‘asistencial’ de muchos niños y jóvenes, que pueden ser asintomáticos, y que luego vuelven a sus casas. De hecho, creo que, en estos momentos, ya han aflorado unos 20.000 casos. Pues limitémosla también, y limitaremos los contagios. ¿Al 100%? Hombre, no, no volvamos ‘al rebaño’. Sentido común: hay gente que tiene que ir a trabajar y no tiene con quien dejar a sus hijos. Pero por supuesto, no son todos. Muchos pueden quedar en casa porque algún conyuge no trabaja, o tienen un hermano mayor, u otro familiar que también se queda, o puede ir a la casa de un amigo vecino, o caben soluciones imaginativas, si los padres prefieren que no vayan al colegio, y no tienen cómo dejarlos en casa, como por ejemplo que el Estado pague cuidadores. De manera que al colegio, a educarse con asistencia presencial, vayan muchos menos jóvenes. Así, limitaremos las posibles ‘cadenas de contagios’ basadas en la ‘asintomaticidad’ de estos colectivos.

Vale, pero… ¿Y el resto? ¿Está cada colegio, y cada profesor, capacitado para la enseñanza ‘on line’? A ver, con calma, no se me revuelvan, ‘a moment please…’ , apliquemos de nuevo el sentido común: ¿Por qué tiene que ser ‘cada colegio’ y ‘cada profesor’? ¿Tan difícil es habilitar algunos canales de TV (o similar, hay mucha tecnología disponible al respecto) y disponer, por curso, y asignatura, un profesor y un/una ayudante (pare recibir preguntas y dudas, por teléfono) de manera que todos los niños tengan sus horas de clase, incluso actuando interactivamente, como si estuviesen en el cole, desde su propia casa?

El coste, y el tiempo en organizarlo, e implantarlo, se me antojan como muy escasos. Solo veo una pega: los políticos nacionalistas, que querrían educar ‘a su manera’ a los jóvenes. ¡Ay, las puñeteras autonomías…!

Pero, en general, dejando a un lado estas ‘ideas imaginativas’ (aunque sean muy necesarias…) no me hago ilusiones de que predomine el sentido común entra las autoridades que nos gobiernan. Creo, más bien, que existe un interés real en que seamos (y se nos trate) como borregos. Así nos va a lucir el pelo… Porque, entretanto, y como muestra suprema de que hay que tirar abajo esta mal llamada ‘democracia’… ahora vamos a estar más de medio año en ‘estado de alarma’, cuyo significado es que el Gobierno puede actuar a sus anchas, en plan dictadura, legislando sin que nadie, legalmente, les pueda controlar, y parar los pies… y con un Tribunal Constitucional, y un Poder Judicial, en suma, que ‘ni está… ni se le espera’.

Vaya tropa, Miquelarena…. O mejor… ‘Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios...’

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