jueves, 8 de diciembre de 2022

La Revolución Industrial (I)

Vaya, vaya… ahora me entero de que ya está abriéndose paso el concepto de ‘Industria 5.0’… y yo todavía con estos pelos. Quiero decir que soy ingeniero industrial, dediqué lo mejor de mi vida profesional (y me dejó su impronta) a la ‘Consultoría de Organización Industrial’… y no me había enterado. Claro es que mucho me temo que este 'rango' no sea otra cosa que una ‘feliz idea’ de la ‘nueva intelectualidad’, una forma de ‘vestir’ un concepto natural ‘para vender la ocurrencia como algo novedoso’, e intentar sacar algún provecho de ello (por aquello del ‘New Reset’ y cosas de estas)… pero, en todo caso, me apetece dedicarle alguna lucubración al concepto. Y, para eso, nada como dar un pasito hacia atrás y echar un vistazo a la historia contemporánea.

Desde luego, la ‘Industria 1.0’ no cabe duda de que nació en la Revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña, aquella que se impulsó con la invención de la máquina de vapor (con sus álabes por donde salía a presión el vapor y se creaba una especie de ‘rototurbina’) como fuente de fuerza y potencia para mover cosas… en sustitución de la tracción animal.

El cambio fue espectacular, empezamos (en nuestra Europa) a convertimos en una sociedad productora, empezaron a crearse las factorías, a crecer las ciudades… y se generó comercio mundial y riqueza. En realidad la etapa fue larga, de más de un siglo de desarrollo (hasta finales del XIX) donde se fue evolucionando con la introducción del ferrocarril, los transportes marítimos ‘a vapor’ (dejando atrás las velas… y el remo), la maquinaria industrial especializada (por ejemplo para los famosos telares, la minería...), la creciente mecanización de la agricultura y su industria dependiente, etc.

Y así llegamos a lo que llamaríamos la Segunda Revolución Industrial (o ‘Industria 2.0’, por seguir la moda actual). Que podríamos centrarla, en el tiempo, en un período mucho más corto, entre 1880 y 1920… pero enormemente ‘expansivo’: es la época del desarrollo de las grandes industrias siderúrgicas, navieras, fabriles de todo tipo… la de la explotación de recursos, la del incremento demográfico y las grandes emigraciones, y la de la propagación definitiva del transporte, tanto terrestre como marítimo, el comienzo de los coches, de la aviación, de las telecomunicaciones… y de la importante industria militar.

Y es que, aparte de que esta ‘Industria 2.0’ acaba tras la Primera Guerra mundial, los cambios sociales (el paso de una sociedad campesina a otra burguesa, y proletaria, o sea, asalariada…), el despertar de muchos paises, etc, etc. ejerció de gran revulsivo para la humanidad, incluso para el globo terráqueo, hasta el punto de que hay científicos que fijan este momento como el del comienzo de una nueva era: La Era del Hombre, o Antropoceno… aunque (y lo dije aquí hace un año), yo prefiero fijar esta fecha bastante más atrás… sobre todo para no unirme al coro de los ‘milenaristas ecológicos' del cambio climático y de los efectos malignos de la industria y del hombre ‘actual’ en ello.

Y ahora vendría lo que se llama Industria 3.0, o Tercera Revolución Industrial… que 'la nueva intelectualidad' la ubican en los comienzos de siglo XXI, y que identifican (lo copio de la Wiki) con “el comienzo del uso de las energías renovables, del vehículo eléctrico, de la red eléctrica inteligente, las baterias recargables...” pero que yo discrepo porque nos habíamos quedado en el año 1920 y creo firmemente que, a partir de ahí, hubo una significativa revolución industrial, y que yo viví en su fase final, que me parece importantísima.

Me refiero a la revolución industrial que supuso la introducción y desarrollo de la Racionalización y Optimización del desempeño en el Trabajo. Es decir, la mejora de métodos, el trabajo en cadena, la optimización de costes… la búsqueda de la eficacia y de la eficiencia, en suma, ocurrida entre 1920 y finales de ese siglo XX…

Pero esto lo voy a dejar para mañana que, por lo que me marcó profesional (e incluso personalmente), me temo que me voy a enrollar... y merece un capítulo aparte.

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