martes, 13 de enero de 2015

Yo tampoco soy Charlie...

Q uiero decir con esto, uniéndome a una corriente que, en paralelo, ha emergido a partir de los asesinatos yihadistas en la revista Charlie Hebdo, que una cosa es condenar absolutamente a esos malditos fanáticos, locos y retrógrados, que, en nombre de su dios, asesinan impunemente, y otra manifestarse por defender, a ultranza, el famoso 'mantra' de la 'libertad de expresión'.

Francamente, yo opino que la libertad de expresión no es la panacea universal, el derecho máximo de la democracia... sino solo uno más de sus frutos, siempre supeditado a otros valores superiores, como puede ser la educación cívica y el respeto al prójimo, o a las normas comunes de convivencia. Y, por desgracia, bajo ese pretendido derecho máximo a la libertad de expresión se quieren justificar, muchas veces, verdaderas barbaridades. Y, lo que es peor, se critican, con frecuencia ferozmente, las posturas contrarias, con el argumento de que son... 'políticamente incorrectas'.

Y es que resulta curioso que si llamas 'joputa' a un tío, te arriesgas a que te pueda partir la cara... pero insultar al Jefe del Estado, o al Papa, o a la bandera... queda a menudo impune por considerarse 'libertad de expresión'. Así que, sin justificar ni un ápice la barbarie, la verdad es que Charlie Hebdo, como aquí (por ejemplo) la revista El Jueves, o algunos programas de radio o TV, etc, producen, con cierta frecuencia, subproductos humorísticos chabacanos y absolutamente fuera de lugar.

Por cierto, esto también es aplicable a mucho particular, que quiere hacerse (o no) el gracioso, a algún que otro político de primera línea, y a bastantes más politiquillos 'de tercera línea', que, a la sombra de esa pretendida 'libertad de expresión', y por aquello de resaltar, dicen o twittean cosas verdaderamente de juzgado de guardia... cuando todos sabemos que en el único sitio donde pueden permitirse públicamente estos excesos es, al menos hasta ahora... en los campos de fútbol.

Y todo esto me lleva a una profunda reflexión sobre la Civilización Europea, y en particular sobre España. Y es que, con la democracia, y lo 'políticamente correcto' pecamos de gilipollas (y, los españoles, de particularmente gilipollas). Vamos a ver, todos hablamos de la Constitución como suprema expresión de nuestros derechos y libertades (aunque la interpretamos a nuestro antojo...) pero muy pocos hablamos de los deberes, las obligaciones y las 'limitaciones racionales' que hay que asumir. Vamos, que falta un 'Manual de Ciudadanía' (maldito ZP, la verdad que, aunque sesgadamente, acertó...).

Y es que, a poco que no tengas una educación cívica, se tiende a que la libertad enmascare un verdadero libertinaje. Seamos libres, claro que si. Pero dentro de un orden cívico preestablecido, carajo. Y no basta ser cívicos por recoger las cacas de nuestros perros, o aceptar no fumar en los bares... también, verbigratia, debería haber una Ley de Huelga que responsabilice a alguien de los destrozos urbanos (o particulares), de los perjuicios a terceros, etc. Por poner un ejemplo, claro.

Pero no quiero irme por las ramas, así que retomo el tema de fondo: y me parece que en Europa, y particularmente en España, somos gilipollas. Yo estoy seguro de que hay muchos islamistas demócratas y racionales, que distinguen y separan, perfectamente (como hemos hecho los occidentales hace al menos 300 años) la religión de los principios del estado civil. Bienvenidos sean porque, con ellos, sumaremos. Pero estamos admitiendo en nuestro estado civil demasiados ciudadanos fanáticos que mezclan todo, se vuelven intransigentes... y lo que es peor llevan esa intransigencia a nivel de 'guerra santa' (en el fondo como, hace 900 años, se justificaba, en las Cruzadas, con el 'Dios lo quiere'). Ya está bien de mezquitas en Europa, con imanes que predican principios completamente contrarios a los de la civilización que les acoge... y encima que se ponen chulos.

Y de, como he dicho, gilipollas que prefieren que se entregue la Catedral de La Asunción de Nuestra Señora (o sea... la Mezquita de Córdoba) a los islamistas sin enterarse de que lleva 600 años siendo catedral cristiana... y sin saber que tal Mezquita se construyó sobre la Basílica visigótica de San Vicente Martir... que incluso antes era un templo romano dedicado a Jano (Wikipedia dixit).

O los que defienden el derecho a que por las ciudades europeas se sea libre para pasear a sus mujeres con burka, o para tratarlas como si fueran una subraza... pero quieren quitar los crucifijos de las clases o suprimir las procesiones de Semana Santa en Sevilla.

Lo dicho: 'donde fueres, haz lo que vieres'... o no vengas, y esto solo lo exigen, de momento, y que yo sepa, Rusia y Australia.

Así que hay que poner remedios a esta escalada y, aparte de las medidas de seguridad para impedir que terroristas asesinos circulen por todas las ciudades europeas, y de exigir el fiel cumplimiento de las Constituciones democráticas, es preciso imponer un 'Manual de Ciudadanía Occidental', al que moros y cristianos tengamos, indefectiblemente, que adaptarnos... o tendremos que decir, quizás pronto, que de aquellos polvos 'pseudodemocráticos' vinieron estos lodos... porque la vamos a acabar cagando.

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