martes, 3 de febrero de 2015

la Cigarra y la Hormiga

Hoy me ha llegado un email (tengo un amigo muy aficionado a esos 'circulos' y me suele seleccionar y mandar estupendas 'perlas' que merecen cierta reflexión), que habla sobre esta conocida fábula de Félix María de Samaniego.
Si, hombre, esa que empieza con aquello de... 
Cantando, la Cigarra/ pasó el verano entero, 
sin hacer provisiones/ allá para el invierno...

Bueno, seamos precisos, el mérito de Samaniego (1745-1801) es el de recrearla para los españolitos, porque un siglo antes fue también recreada por Jean de la Fontaine (1621-1695), y digo recreada porque la fábula se atribuye a Esopo (circa 600 a.C). La cuestión es que el hilo argumental es el mismo... y tanto profundizaron las fábulas en el acervo cultural del pueblo llano que seguro que todos conocemos la historia, y su moraleja.
 
Claro que, debo decir, el original de nuestros fabulistas no deja tan claro eso de 'lo bueno y lo malo', a la Hormiga se la tacha literalmente de 'codiciosa' y la Cigarra, en el fondo, lo único que hacía es pedir un préstamo 'personal', cierto que sin aval alguno...
No dudéis en prestarme, que fielmente prometo 
pagaros con ganancias, por el nombre que tengo
 
O sea, que bien pudiera quererse reflejar, en la fábula, las prácticas bancarias, aunque no se bien cual serían estas, ni la idiosincrasia del paisanaje, en aquellos tiempos de los siglos XVII y XVIII.
Pero, a lo que iba... ahora tenemos una versión española actualizada al siglo XXI. Falta versificarla, pero el esquema sinóptico es este:
"Una vez llegado el crudo invierno, tenemos a la Hormiga refugiada en su casita y 'enrocada' con sus provisiones...
 
La Cigarra organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la Hormiga tiene derecho a vivienda y comida, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y pasan hambre.
 La televisión organiza un programa en vivo en el que sale la Cigarra contando sus penurias, mientras se muestran extractos del video de la Hormiga bien calentita en su casa, y con la mesa llena de comida.
 
Todo mundo se sorprende de que en un país próspero se deje sufrir a la pobre Cigarra mientras hay otros que viven en la abundancia. Asociaciones contra la Pobreza, y colectivos a favor de los Derechos Humanos se manifiestan delante de la casa de la Hormiga y la pintarrajean. También aparecen en escena algunas asociaciones pro-homosexualidad, y grupos de izquierda con banderas republicanas.
 
Se escriben varios artículos en prensa insinuando que la Hormiga se ha enriquecido a espaldas de la Cigarra e instando al público a opinar en encuestas del tipo '¿es usted partidario de la discriminación o de la igualdad?'
Debido a la creciente presión de los grupos parlamentarios de la oposición, el Congreso se pronuncia a favor de redactar un Decreto sobre la Igualdad Económica y una Ley Anti-discriminación.
 
Se propone elevar notoriamente los impuestos a la Hormiga y además se abre una Comisión para investigar si pueden existir indicios penales en la negativa a hacerse cargo, en invierno, de la Cigarra.
 
La Hormiga, decepcionada, hace sus maletas y se va a otras tierras donde se reconozca que puede disfrutar libremente de los frutos de su trabajo. Su casa se reconvierte en Albergue Social para Cigarras, donde se espera que alguien llegue a donarles el alimento y los recursos para sobrevivir dignamente.
 
Al gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios. Se propone otra Comisión pluripartidista y multidisciplinar para investigar, fuera de nuestras fronteras, el 'estado de Arte' en las relaciones Hormigas-Cigarras, y en paralelo de otras especies afines y/o equiparables, a la que se dota de un presupuesto de 100 millones de euros.
 
Entretanto la Cigarra fallece. Los medios de comunicación vuelven a comentar el fracaso del gobierno para corregir las desigualdades sociales y la injusticia.
 
Y la casa de la Hormiga, finalmente abandonada, es progresivamente okupada por insectos nacionales antisistema y por especímenes procedentes del exterior del espacio Schengen.
Y todo por esto...
«Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?».
«Yo», dijo la cigarra, «a todo pasajero
cantaba alegremente, sin cesar ni un momento».
«¡Hola! ¿con que cantabas... cuando yo andaba al remo?
Pues, ahora que yo como... baila, pese a tu cuerpo».

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